Jesucristo

Información sobre Jesucristo

Browsing Posts tagged secta

Juan Chapa

Entre los diversos evangelios apócrifos que aparecen mencionados por los Padres y antiguos autores eclesiásticos se encuentra el denominado Evangelio de Judas. De él San Ireneo, en su tratado Contra las herejías, 1,31,1, escribe: «Otros declaran que Caín obtuvo su ser del Poder de lo alto y reconocen que Esaú, Coré, los Sodomitas y ese tipo de personas están relacionadas entre sí. Por eso —añaden ellos— han sido asediados por el Creador, aunque ninguno ha sufrido daño. Pues la Sabiduría tenía la costumbre de llevarse lo que le pertenecía desde ellos a ella misma. También dicen que Judas el traidor estaba muy familiarizado con estas cosas y que él solo, sabiendo la verdad como ningún otro, llevó a cabo el misterio de la traición. Por su culpa, dicen, todas las cosas, terrenas y celestiales fueron disueltas. Éstos son los que han escrito una historia ficticia al respecto, que denominan Evangelio de Judas». A él aluden también San Epifanio y Teodoreto de Ciro.

Dado que Ireneo escribe su obra el 180, el Evangelio de Judas tuvo que ser escrito con anterioridad a esta fecha, probablemente en griego, entre el 130 y el 170. De la secta de los Cainitas no conocemos más de lo que nos dice el texto de Ireneo. No se sabe si era un grupo independiente o parte de una secta gnóstica más amplia.

Muy recientemente se ha dado a conocer la existencia de un códice del siglo IV encontrado en Egipto, que contiene un texto en copto del Evangelio de Judas. El códice contiene también otros tres escritos gnósticos. Con este nuevo descubrimiento podemos saber que el Evangelio de Judas recoge una supuesta revelación de Jesús a Judas Iscariote «tres días antes de que celebrara la Pascua». Como en el caso del Evangelio de María (véase la pregunta anterior), se trata de una obra carente de cualquier contenido histórico, que utiliza el nombre de Judas para trasmitir enseñanzas ocultas a los iniciados en la secta. Después de mencionar que Jesús desarrollaba su ministerio terreno haciendo milagros y mostrándose a veces ante sus discípulos en la forma de un niño, narra un diálogo entre Jesús y los discípulos. Jesús se ríe de lo que hacen (dar gracias sobre el pan) y ellos se enfadan. Judas es el único que reacciona bien ante lo que Jesús pide y éste le dice: «Yo sé quién eres y de dónde vienes. Tú vienes del reino inmortal de Barbelo y yo no soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado» (Barbelo es la primera emanación de Dios en las cosmogonías gnósticas de tipo setiano). Siguen otros encuentros y diálogos de los discípulos y de Judas con Jesús en los que se tratan complicadas cuestiones cósmicas, y casi al final se narra cómo Jesús le dice a Judas: «Tú excederás a todos, pues tú sacrificarás al hombre del que estoy revestido». El escrito acaba diciendo qué Judas recibió dinero de los escribas y les entregó a Jesús.

Este nuevo texto tiene valor para nuestro conocimiento del gnosticismo del siglo II, pero, desde el punto de vista histórico, no aporta nada sobre Jesús y sus discípulos que no sepamos por los evangelios. Sobre todo, este manuscrito —como los otros que se han descubierto en el siglo pasado— confirma la veracidad de las informaciones que Ireneo, Epifanio y otros escritores antiguos nos transmitieron sobre los grupos gnósticos.

Gonzalo Aranda

El nombre de “gnóstico” viene de la palabra griega “gnosis” que significa conocimiento; gnóstico es por tanto quien adquiere un conocimiento especial y vive según él. El término “gnosis” no tiene por tanto sentido peyorativo. Algunos Santos Padres como Clemente de Alejandría y San Ireneo hablan de la gnosis en el sentido del conocimiento de Jesucristo obtenido por la fe: “la verdadera gnosis -escribe san Ireneo- es la doctrina de los Apóstoles” (AdvHaer IV 33).

El término “gnóstico” adquirió sentido peyorativo cuando fue aplicado por los mismos Padres a ciertos herejes que tuvieron notable relieve entre los siglos II y IV. El primero en designarlos así fue San Ireneo que ve su origen en la herejía de Simón el samaritano (Hch 8,9-24), y dice que sus seguidores se propagaron por Alejandría, Asia Menor y Roma dando lugar a “una multitud de gnósticos que emergen del suelo como si de hongos se tratara” (AdvHaer. I.29.1). De ellos, continua diciendo San Ireneo, derivan los valentinianos que son a los que él combate directamente. Explica tal abundancia y diversidad de sectas diciendo que “la mayoría de sus fautores -en realidad, todos- quieren ser maestros; se van de la secta que abrazaron y urden una enseñanza a partir de otra doctrina, y luego a partir de ésta surge todavía otra, mas todos insisten en ser originales y en haber hallado por sí mismos las doctrinas que de hecho se limitaron a compaginar” (AdvHaer. 1.28.1).

De esas informaciones de Ireneo y de las de otros Padres que también tuvieron que combatir a aquellos herejes (especialmente San Hipólito de Roma y San Epifanio de Salamina), se deduce que fue tal la cantidad de grupúsculos (simonianos, nicolaítas, ofitas, naasenos, setianos, peratas, basilidianos, carpocratianos, valentinianos, marcosianos) y maestros (Simón, Cerinto, Basílides, Carpócrates, Cerdón, Valentín, Tolomeo, Teodoto, Heracleón, Bardesanes…), que cayeron bajo la designación de “gnósticos”, y que sólo de manera muy genérica se les puede agrupar bajo un calificativo. De las obras heréticas “gnósticas” descubiertas en 1945 en Nag Hammadi (alto Egipto), en torno a unas cuarenta, se saca una impresión parecida; cada obra contiene su propia orientación doctrinal herética.

Dentro de esa diversidad descrita los mejor conocidos son los gnósticos valentinianos, y también los que más influencia ejercieron. Actuaban dentro de la Iglesia como “una fiera agazapada”, dice San Ireneo. Tenían las mismas Sagradas Escrituras que la Iglesia, pero las interpretaban en sentido contrario. El Dios verdadero, según ellos, no era el Creador del Antiguo Testamento; distinguían diversos Cristos entre los seres del mundo celeste (eones); estimaban que la salvación se obtiene por el conocimiento de uno mismo como chispa divina encerrada en la materia; que la redención de Cristo consiste en despertarnos a ese conocimiento; y que sólo los hombres espirituales (pneumatikoí) están destinados a la salvación. El carácter elitista de la secta y el desprecio del mundo creado configuraban, entre otros rasgos, la mentalidad de aquellos herejes, máximos representativos de los “gnósticos”.

Bibliografía: Raymond Kuntzmann – Jean-Daniel Dubois, Nag Hammadi. Evangelio de Tomás. Textos gnósticos de los orígenes del cristianismo (Verbo Divino, Estella 21998). Ofrece una presentación sencilla y bastante completa de toda la Biblioteca de Nag Hammadi.