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Jesucristo fundó la Iglesia Católica
Jesucristo fundó la Iglesia Católica para comunicarnos por ella las ayudas necesarias para ser mejores y salvarnos eternamente
 

38.- Jesucristo fundó la Iglesia Católica para comunicarnos por ella las ayudas necesarias para ser mejores y salvarnos eternamente.

Para ello la hizo depositaria de su doctrina y de todos los medios de salvación.

1. Dice la Carta a los Hebreos: «Dios ha hablado a los hombres»6162.

«La Revelación concluyó con los Apóstoles»63.

La misión de la Iglesia es señalar el camino de la salvación eterna de los hombres por medio de la doctrina de Cristo y los sacramentos por Él instituidos.

Jesucristo estuvo en la Tierra pocos años. Para que su obra redentora pudiese continuar a través del tiempo, dejó una institución que cuidara de su doctrina, y ayudara a los hombres a conseguir la salvación eterna64. Como San Pedro y los Apóstoles iban a vivir un número limitado de años, para que la Iglesia durara hasta el final de los tiempos como Cristo prometió65 ellos necesitaban tener sucesores.

Cristo dio a San Pedro autoridad para «atar y desatar. esto es, obligar en conciencia»

«Jesús ha querido valerse de los hombres, como ministros suyos, para llevar adelante su obra redentora»66. 67.

2. El hombre no puede conocer bien a Dios, si Dios no se manifiesta al hombre. A esta manifestación se le llama Revelación. Por ejemplo, el dogma de la Santísima Trinidad el hombre sólo lo conoce por revelación6869.

La Revelación es la manifestación que Dios ha hecho a los hombres de Sí mismo y de aquellas otras verdades necesarias o convenientes para la salvación eterna.
«Al revelarse Dios a sí mismo quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas»
70.

«La revelación presupone los hechos y palabras exteriores, que percibimos por los sentidos, pero acontece fundamentalmente en el corazón del hombre. Los hechos exteriores necesitan de una luz interior; el mensaje que desde fuera nos es ofrecido necesita pulsar nuestro corazón con una fuerza que permita a nuestra libertad abrirse con alegría a sus exigencias. Por ello la revelación tiene su expresión correlativa en la fe, que es igualmente don divino»71.

La doctrina revelada por Dios se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que nos ha transmitido las verdades de la fe oralmente.

No todas las verdades de la fe están en la Biblia. Algunas las conocemos sólo por la Tradición. Por ejemplo: todos sabemos que Jesucristo fue soltero, pero esto no está en ningún versículo de la Biblia.

Por eso el principio protestante de «sólo la Escritura» no es válido. Pues además esto supone que cada uno tiene su Biblia para poder leerla e interpretarla, y esto no fue posible para los cristianos durante 1.400 años, antes de inventarse la imprenta. La imprenta la inventó Guttemberg en 1450.

Los primeros cristianos recibieron la fe por la palabra predicada, no por la escrita. Muchos no sabían leer, y pocos podían tener un manuscrito de la Biblia.

Y, para total seguridad, era necesario dominar la lengua original del autor.

Es decir, resulta evidente que el principio protestante de «solo la Escritura», no es válido.

Es verdad, como dice San Pablo, que la Biblia es necesaria, pero eso no excluye que también es necesaria la Tradición.

Si yo digo que el agua es necesaria para vivir, no quiero decir que baste el agua para vivir.

«Escritura y Tradición enlazan directamente con los Apóstoles y gozan de la misma autoridad. (…) La Escritura y la Tradición son las fuentes que nos dan acceso a la Revelación.»7273.

La Biblia y la Tradición proceden de la misma fuente. Son los dos canales por los que nos llega el contenido de la Revelación.

La Biblia y la Tradición están íntimamente unidas y tienden a un mismo fin; por eso los pasajes oscuros de la Sagrada Escritura se iluminan con la Tradición. Esto lo expresa el Concilio Vaticano II con estas palabras: «La Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza acerca de todo lo revelado; por eso la Sagrada Escritura y la Tradición se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción». «La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia»74.

La Sagrada Biblia nos transmite la palabra de Dios escrita.

La Tradición nos transmite las enseñanzas orales, transmitidas de viva voz de una generación a la siguiente75.

«La tradición apostólica era la clave para el canon de los libros inspirados, diciéndonos qué doctrinas deben enseñar (o no enseñar) los libros apostólicos, y diciéndonos qué libros fueron escritos por los apóstoles y sus compañeros.

»Irónicamente los protestantes, que normalmente se burlan de la tradición en favor de la Biblia, ellos mismos están usando una Biblia basada en la tradición»76.

La Tradición es más amplia que la Escritura. Las dos transmiten lo que proviene de la palabra de Dios; proceden de una misma fuente y son los dos canales por lo que nos llega el contenido de la Revelación. Por tanto entre Escritura y Tradición hay una íntima relación.

Los Apóstoles enseñaron principalmente de palabra, como ellos habían sido enseñados por Nuestro Señor. Cristo no escribió nada. Se limitó a predicar.

Y a los Apóstoles no les dijo «escribid», sino «predicad»77.

Jesús dijo: «El que a vosotros oye, a mí me oye».

Jesús les enseñó muchas cosas que no están en la Sagrada Escritura, pero han llegado hasta nosotros transmitidas de viva voz de generación en generación por la Tradición oral de la Iglesia: San Pablo, escribiendo a los de Tesalónica les dice: «Hermanos, sed constantes y guardad firmemente las enseñanzas que habéis recibido de nosotros, ya de palabra, ya por escrito».

A Timoteo le dice: «Conserva viva la doctrina que has oído de mí»

San Pablo alaba «a los que conservan las tradiciones tal como él las transmitió»

Todo esto está indicando que la doctrina evangélica se trasmite por la predicación oral, es decir, por la tradición.

Hay que distinguir entre la Tradición Apostólica, con mayúscula, objeto de fe, y las tradiciones humanas, con minúscula, que no afectan a la fe: son costumbres.

Cuando decimos «Sagrada Tradición» entendemos las enseñanzas de Jesús y, después de Él, de los Apóstoles a quienes envió a enseñar78. «Id y haced discípulos de todos los pueblos»79. Por eso «la fe viene por la predicación»8081. «Cuando recibisteis la palabra de Dios, que nosotros predicamos, la aceptasteis no como palabra de hombre, sino cual realmente es palabra de Dios, que obra en vosotros los creyentes»8283. «Lo que has oído de mí, trasmítelo a otros, para que a su vez lo enseñen a otros»84.85. 86.

Estas enseñanzas han sido entregadas a la Iglesia Es necesario para los cristianos creer y seguir firmemente esta Tradición, lo mismo que la Biblia. Dijo Cristo: «El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros, a mí me rechaza»

La Iglesia está protegida por el Espíritu Santo, que la preserva de todo error8788.

La Sagrada Escritura está contenida en la Biblia.

La Biblia consta de setenta y tres libros divididos entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.

La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Esta lista integral es llamada “Canon de las Escrituras”. Canon viene de la palabra griega “kanon” que significa «medida, regla».

El Canon comprende para el Antiguo Testamento cuarenta y seis escritos, y veintisiete para el Nuevo.

Éstos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros de los Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, y Malaquías, para el Antiguo Testamento.

Para el Nuevo Testamento, los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de Pablo a los Romanos, la primera y segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, la primera y segunda a los Tesalonicenses, la primera y segunda a Timoteo, a Tito, a Filemón, la Epístola a los Hebreos, la Epístola de Santiago, la primera y segunda de Pedro, las tres Epístolas de Juan, la Epístola de Judas y el Apocalipsis.

Lo que divide estas dos colecciones de libros es la Persona de Jesucristo. Lo que se escribió antes de Él, es el Antiguo Testamento. Lo que se escribió después de Él, es el Nuevo Testamento.

Para facilitar la búsqueda de los pasajes, el texto se ha dividido en capítulos, y dentro de éstos se han numerado los párrafos (versículos). Estas divisiones son posteriores a los evangelistas. La división en capítulos se debe a Esteban Langton, en el siglo XIII, y la división en versículos a Roberto Estienne, en el siglo XVI.

Los salmos tienen dos numeraciones debido a la diferente numeración de la Biblia hebrea y la griega, en las que se dividen en dos los salmos 9 y 147, respectivamente89.

Jesucristo ha encargado a la Iglesia la interpretación y vigilancia sobre la Sagrada Escritura y Tradición, para evitar el error90 .

Por eso no se pueden leer todas las traducciones de la Biblia, sino sólo aquellas que tienen aprobación eclesiástica, y por lo tanto nos consta que no contienen errores.
Hay pasajes de la Biblia que son difíciles de entender, como advirtió San Pedro
91 .

«Para descubrir lo que el autor sagrado quiere afirmar hay que tener en cuenta la forma de pensar y de hablar de su tiempo»92 .

«El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la Palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado. Por mandato divino y con asistencia del Espíritu Santo, la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad; y de este único depósito de la fe saca lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer»93

La libre interpretación de la Biblia de los protestantes da lugar a multitud de interpretaciones equivocadas y opuestas entre sí, pues no todo el mundo está preparado para conocer los géneros literarios de los distintos pasajes bíblicos, ni para entender la lengua en que se escribió el texto bíblico original.

Hay que tener en cuenta los modos de pensar y de expresarse que se usaba en tiempos del escritor94.

Por eso hace falta un magisterio entendido, que oriente con autoridad en la interpretación bíblica.

Dijo Cristo que, «la verdad nos hará libres».

Quien está en la verdad objetiva pisa firme, se siente seguro.

Quien piensa que la verdad es relativa, que cada cual tiene su verdad, está en un error.

La verdad tiene un valor absoluto. Quien no se ajusta a la verdad objetiva está en un error. La verdad objetiva no depende de nuestro parecer ni de nuestros deseos.

Por deseo de ser conciliador y tolerante, no puedo decir que la verdad es el término medio de dos opiniones distintas.

Si uno dice que la capital de España es Madrid y otro que es Barcelona, yo no puedo decir que es Zaragoza porque está equidistante entre Madrid y Barcelona.

Cuando se trata de valores subjetivos cada uno puede tener su verdad. Pero cuando se trata de valores objetivos, la verdad objetiva es la misma para todos.

Por ejemplo: uno puede dormir mejor con la ventana de la habitación abierta y otro con ella cerrada. La temperatura ideal para dormir puede variar según las personas. Pero las temperaturas de la evaporación del agua y su solidificación son siempre 100º y 0º centígrados respectivamente.

Ha dicho el Cardenal Ratzinger: «La tolerancia que todo lo acepta se despreocupa de la verdad»9596.

Frente a los múltiples errores, hay una verdad objetiva.

Frente a la verdad objetiva no somos libres. Tenemos obligación de someternos a la verdad objetiva.

Todos los médicos tienen obligación de decir que el órgano de la visión es el ojo, ninguno puede decir que vemos por la nariz.

Todos los químicos del mundo tienen la obligación de decir que el agua es H2O, ninguno puede decir que es ClNa.

Todos los matemáticos del mundo tienen obligación de decir que _ es la relación de la circunferencia a su diámetro, una constante, que en el sistema decimal es 3´141592… y no 8´2432…

Si a un niño le dan un mapa con todas las ciudades de Europa para que señale las capitales de cada nación, y él elige las ciudades que más le gustan por su nombre, esto no cambia la verdad. Las capitales seguirán siendo las que son independientemente del parecer del niño.

La verdad no me permite opinar libremente lo que yo prefiera.

La verdad orienta la libertad, no la quita. Como las vías del tren que orientan la ruta del tren, pero no le impiden avanzar, sino que le ayudan. Un tren fuera de la vía, se despeña.

Subordinar la verdad a mi libertad es ridículo. La mentira no interesa a nadie con sentido común: queremos café de verdad, no agua sucia; medicinas de verdad, no pócimas ineficaces; amistad de verdad, no traidores.

Todo esto es indiscutible para una persona normal.

Lo mismo pasa con la verdad religiosa. El bien de la libertad religiosa no es el tener libertad para elegir el error, sino elegir libremente la verdad sin sentirse coaccionado.

La verdad objetiva es dogmática, invariable. El error es libre. Para encontrar la verdad hay un sólo camino. Para equivocarse hay muchísimos.

En la estación del ferrocarril un sólo tren me lleva a mi destino.Todos los demás me pierden.

Hoy algunos cambian la verdad objetiva por la opinión personal («eso para mí no es pecado»), la belleza estética por la moda (moda de pantalones tejanos sucios y rotos), y la bondad ética por el placer (libertinaje sexual). Pero siempre quedará en pie que los tres grandes valores del ser son la verdad, la belleza y el bien.

Incluso en cosas accidentales no siempre podemos cambiarlas a nuestro capricho.
El orden de las letras del abecedario es el que es, y yo no puedo alterarlo a mi capricho, aunque en absoluto podría ser otro. Pero así está establecido para todos. No depende de la voluntad de cada uno.

La fe es libre, no en el sentido de que dé lo mismo creer que no creer; sino que al no ser axiomática no se impone a la razón, sino que ésta queda en libertad para aceptarla o rechazarla a pesar de que sea razonable97. Aunque la fe sea oscura. Ya lo dice la Biblia: La fe es garantía de lo que se espera y convicción de las realidades que no se ven.

Es oscura, porque no es evidente. Sin embargo es cierta porque son verdades reveladas por Dios, que no puede engañarse ni engañarnos.
Y los motivos de credibilidad la hacen razonable
9899.

Puede ser interesante mi libro Motivos para creer editado por Planeta, o mi otro libro de conferencias. Pedidos al autor:
Apartado 2564, 11080-Cádiz (España). Tel.: 956·222·838. FAX: 956·229·450. Correo electrónico (e. mail): jorgeloring@eresmas.net

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«Dios quiso que lo que había revelado para la salvación de todos los pueblos se conservara para siempre íntegro, y fuera trasmitido a todos los tiempos» 

    Autor: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte
  • Carta a los Hebreos, 1:1-3
  • Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº7
  • JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Compendio de Teología Fundamental, 1ª, VIII, 4. Ed. EDICEP. 1998.
  • JOSÉ Mª CIURANA:¿Cuál es la Iglesia verdadera?, I, E. Ed. Bosch. Barcelona 1982.
  • Evangelio de SAN MATEO, 28:20.
  • PINARD DE LA BOULLAYE, S.I.: Jesús, viviente en la Iglesia, III, 1. Ed. FAX. Madrid.
  • MIGUEL PEINADO: Exposición de la fe cristiana, 3ª, IV, 65. Ed. BAC. Madrid. 1975.
  • FELIPE CALLE, O.S.A.: Razona tu fe, V. Ed. Religión y Cultura. Madrid.
  • RONALD A. KNOX: El torrente oculto, Vi. Ed. Rialp. Madrid.
  • Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 52
  • OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL:La entraña del cristianismo,3ª,XI,3,a. Salamanca.1997.
  • SAN PABLO. Segunda Carta a Timoteo, 3:16s
  • JEAN DANIELOU: Dios y nosotros, V. Ed. Taurus. Madrid.
  • Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº9s
  • JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, I, 10. Ed. Rialp. Madrid. 1992
  • JAMES AKIN del sitio en INTERNET: The Nazareth Apologetics, Bible and Theology Page.
  • AGUSTÍN PANERO, Redentorista: NO a los Testigos de Jehová, IV, 12, 4. Ed. Perpetuo Socorro. Madrid. Este breve, pero acertado folleto es muy útil para conocer y refutar los errores de los Testigos de Jehová
  • Evangelio de SAN LUCAS, 10:16
  • Evangelio de SAN MATEO, 28:19
  • SAN PABLO: Carta a los Romanos, 10:17
  • SAN PABLO: Segunda Carta a los Tesalonicenses, 2:15
  • SAN PABLO: Primera Carta a los Tesalonicenses, 2:13
  • SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 1:13
  • SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 2:2
  • SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 11:2
  • Evangelio de SAN MATEO, 28:20
  • Evangelio de SAN LUCAS, 10:16
  • Evangelio de SAN JUAN, 14:16
  • PIERRE GUIBERT, S.I.: Así se escribió la Biblia, II,4,b. Ed. Mensajero. Bilbao. 1997.
  • Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº10
  • Segunda Carta de SAN PEDRO, 3:16
  • Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº12
  • Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº10
  • Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº12
  • Evangelio de SAN JUAN, 8:32
  • Diario LA RAZÓN del 6-!X-2000, pg.31
  • ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: LA FE DE LA IGLESIA, 1ª, VI, 4. ED. BAC. MADRID 1996
  • Carta a los Hebreos, 11,1
  • ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: LA FE DE LA IGLESIA, 1ª, VI, 2,b. ED. BAC. MADRID 1996
  • EL PAPA ESTÁ EN LUGAR DE JESUCRISTO
    Jesucristo, antes de subir al cielo, dejó a San Pedro al frente de su Iglesia, comunicándole todos los poderes necesarios para desempeñar su cometido.
     

    40.-El Papa está en lugar de Jesucristo.

    1. Jesucristo, antes de subir al cielo, dejó a San Pedro al frente de su Iglesia, comunicándole todos los poderes necesarios para desempeñar su cometido. El Papa tiene autoridad de Cristo-Dios para interpretar la ley divina. Cristo le dijo a San Pedro: «A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, lo que ates o desates en la Tierra será atado o desatado en el cielo»206207 .

    El Papa es el sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo en la Tierra208.

    Por eso todos los católicos debemos obedecer al Papa en todo lo que él disponga para la buena marcha de la Iglesia. Cristo dotó a su Iglesia de todos los medios necesarios para conseguir su fin. Por eso la hizo jerárquica209.

    La autoridad es necesaria. «No hay agrupación humana que no necesite un ordenamiento que haga posible la vida en común. (…) Donde hay una comunidad, allí hay forzosamente una institución como medio de salvar debidamente la convivencia, y conseguir eficazmente los fines que se pretenden. Se impone la fijación de unas normas de comportamiento y el deber de sujetarse a ellas. (…) La normativa institucional es una defensa contra la anarquía»210.

    ¿Qué pasaría en Madrid o Barcelona sin normas de tráfico?

    La misión de la jerarquía es garantizar la autenticidad en la fe y en la vida cristiana: «para que se crea lo que Dios quiere y como Dios quiere, y para que se administren los sacramentos que Cristo quiso y como Cristo quiso»211.
    «Todos los grupos humanos: familias, asociaciones, pueblo o nación, necesitan una autoridad -del tipo que sea- para organizar, coordinar fuerzas, defender derechos, especialmente de los más débiles, y tomar responsablemente decisiones. Una sociedad sin autoridad acaba por disolverse.La autoridad justa y responsable es uno de los mejores servicios que se presta al pueblo. La autoridad es justa y razonable, cuando busca no los propios intereses, sino el bien de todos»
    212.

    2. Los Obispos son los encargados de gobernar las diócesis bajo la autoridad del Papa213. «Ejercitan potestad propia y son, en verdad, los jefes del pueblo que gobiernan»214, pues los Obispos son los sucesores de los Apóstoles215, y administradores de Dios216. Ya en el siglo II, San Ireneo llama a los obispos sucesores de los Apóstoles: «Podemos contar con aquellos que han sido puestos por los Apóstoles como obispos y sucesores suyos hasta nuestros días»217.

    «La primera responsabilidad de los Obispos es combatir la herejía y guardar el depósito de la fe»218

    «Los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como los testigos de la verdad divina y católica; los fieles, por su parte, tienen obligación de aceptar y adherirse con religiosa sumisión del espíritu al parecer de su Obispo en materias de fe y de costumbres cuando él las expone en nombre de Cristo»219.

    Los Concilios Ecuménicos reúnen a todos los obispos del mundo para deliberar, bajo la dirección del Papa, sobre asuntos generales de la Iglesia. Se han celebrado XXI. El primero fue el año 325 en Nicea, y el último de 1962 a 1965 en Roma. La lista de todos los Concilios Ecuménicos de la Iglesia está en 37,11.

    3. Los sacerdotes se consagran a Dios para colaborar con el Papa y los Obispos en el cuidado de las almas predicando la Palabra de Dios y administrando los sacramentos220. Son también representantes de Jesucristo221, por esto merecen todo nuestro respeto. La misión del sacerdote es presidir la Asamblea Eucarística y ayudar a los Obispos a mantener la unidad en la fe y en la caridad fraterna, y conducir a los cristianos a Dios Padre222.

    Hay que distinguir el sacerdocio ministerial, propio de los que han recibido el sacramento del orden, que les da poder para decir misa y perdonar pecados, del sacerdocio común de los fieles, propio de todos los bautizados «cuya vida debe ser un acto cultual a Dios»223 y «deben dar testimonio de Cristo»224. Estos dos sacerdocios no sólo difieren en grado, sino esencialmente, como ha dicho el Concilio Vaticano II225.

    Por eso hay un sacramento especial para el sacerdocio ministerial.
    «La Iglesia enseña, con el Concilio Lateranense IV, que sólo el sacerdote ordenado puede consagrar»
    226.«Hoy como ayer, la misión específica del sacerdote es la de comunicar el pan de la palabra; la de distribuir, como ministro del culto, el perdón, la gracia y la santidad. Podrán cambiar los tiempos y los métodos, según la evolución de las costumbres, pero el contenido del mensaje seguirá siendo el mismo: el apostolado será siempre la transmisión de la vida espiritual»227.

    Jesucristo dice en el Evangelio: «No llaméis a nadie Padre». Pero esto se lo dice a sus discípulos, pues entre ellos todos eran hermanos. El pueblo es lógico que llame Padre a los sacerdotes por respeto a la persona que les transmite la doctrina y la gracia de Dios228229. El mismo San Pablo que sabía muy bien cómo había que interpretar las palabras de Cristo, se hacía llamar Padre: «No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos muy queridos. Porque aunque tuvierais diez mil pedagogos en Cristo no por eso tenéis muchos padres, ya que el que os ha engendrado en Cristo por medio del Evangelio he sido yo»230. Él mismo llamó «hijo» a Timoteo en las dos cartas que le escribe231. Y lo mismo a Tito. Por lo tanto es lógico que ellos le llamaran a él «Padre». San Juan llama «sus hijos» a los que andan en la verdad232233.

    Jesús también usó la palabra «padre» en la parábola del «Hijo pródigo»234 .

    4. Para ayudar a los sacerdotes «en ministerios que aunque no sacerdotales resultan necesarios para el bien de la Iglesia»235, el Concilio Vaticano II ha permitido a las Conferencias Episcopales, con la aprobación del Sumo Pontífice, establecer el diaconado «para hombres de edad madura, aunque estén casados, y para jóvenes idóneos; pero para éstos debe mantenerse firme la ley del celibato»236.

    Estos diáconos «sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la Palabra y de la caridad»237. Diácono significa servidor, ayudante.

    En 1972 la Iglesia ha permitido que cuando hay muchos fieles y pocos sacerdotes238, algunas personas idóneas señaladas por el sacerdote, con permiso del Obispo, pueden ayudar a dar la Sagrada Comunión, para que este acto no se prolongue demasiado. Estas personas también podrán llevar la comunión a los enfermos, si no hay sacerdote o diácono que lo haga239. Esto supone poder para legislar e imponer obligaciones

    Autor: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte