Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.
¡Oh amorosísimo Jesús! No sólo tu palabra, sino también la expresión de tu Faz abrasada en amor nos revelaron, en el Cenáculo, la vehemencia con que habías ansiado la hora de quedarte con nosotros en la Eucaristía. Enciende en mi corazón vivos anhelos de visitarte y recibirte frecuentemente con la pureza de los ángeles.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
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Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.
¡Oh víctima divina, mi buen Jesús! Tu Faz venerable pegada al suelo de Getsemaní y bañada en copioso sudor de sangre, me descubre la grandeza de tus dolores y la gravedad de mis pecados. Dame a mi y a todos los pecadores un sincero arrepentimiento con firmísimo propósito de nunca más pecar.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
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Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.
¡Oh amabilísimo Jesús! Tu augusta y serena Faz quedó sombreada con inmensa tristeza al recibir en tu frente el beso del traidor Judas. Hazme, te suplico, participante de tu íntima aflicción por tantos sacrilegios como cometen los que se acercan a recibirte en pecado mortal.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
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Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.
¡Oh mansísimo Jesús! Tu Faz de infinita bondad es objeto del más vil insulto inferido por la cruel mano de un criado en casa de Anás. Te hieren, Salvador mío, porque aborrecen tus palabras de justicia y de caridad sin límites. No permitas que jamás tome yo venganza de mis enemigos, antes bien les perdone siempre de todo corazón.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
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Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.
¡Oh pacientísimo Jesús! En la noche oscura de tu Pasión, tu Faz sacrosanta pareció semejante a la de un leproso. Desprecios, salivazos, bofetadas e injurias sin número afearon tu hermosísimo Rostro. Perdona, Señor, a tu pueblo ingrato que todavía afrenta con su irreligiosidad y blasfemias tu santísimo Nombre.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
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Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.
¡Oh soberano rey Jesús! La majestuosa dignidad de tu Faz vilipendiada y coronada de espinas proclamó solemnemente tu realeza sobre las naciones, confirmada por la profética voz de Pilatos ante el pueblo judío al decirle: “He aquí vuestro Rey”. Concédeme, oh Rey de la gloria, un ardoroso celo de propagar tu Reino aun a costa de mi propia sangre.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
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Comenzar con la oración preparatoria para todos los días
¡Oh generosísimo Jesús! Tu Faz de Dios-Hombre se iluminó súbitamente con los resplandores de un santo gozo al estrechar entre tus brazos la suspirada cruz. Dame aliento para tomar resueltamente mi Cruz y seguirte con ánimo constante y generoso hasta el fin de mi vida.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
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Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.
¡Oh tiernísimo Jesús! ¡Cuál debió de ser la bondad de tu Faz cuando la Verónica con blanco sudario la limpiaba! ¡Con qué amorosa gratitud la miraste, y cuál no sería su asombro al hallar impreso en su lienzo tu santísimo Rostro! Haz que contemple, Redentor mío, tu pasión con tanto amor y ternura que los rasgos purísimos de tu Faz queden grabados en mi corazón.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
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Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.
¡Santísimo Jesús! Tu Faz de reparador divino, cubierta con las sombras de la muerte, aplacó la Justicia del Padre, y tus últimas palabras fueron prenda segura de eterna felicidad. Sean, oh Salvador mío, mi vida y mi muerte, una continua reparación, unida a la tuya y a la de tu Madre Santísima, a quien yo también invocaré siempre, con el dulcísimo nombre de Madre.
Hacer la petición y rezar un padrenuestro en honor de la Santa Faz. Terminar con la oración final para todos los días.
Terminar cada día con la siguiente jaculatoria y oración:
Jaculatoria: ¡Muéstranos, Señor, tu Faz y seremos salvos!
Oración final para todos los días
Oh Dios omnipotente y misericordioso, concede, te pedimos, que cuantos veneramos la Faz de tu Cristo, desfigurada en la Pasión a causa de nuestros pecados, merezcamos contemplarla eternamente en el resplandor de la gloria celestial. Amén.
Por la señal…
Acto de contrición.
Oración preparatoria para todos los días
Te adoro, oh Jesús mío, hijo de Dios vivo y de María Virgen, que por mi amor diste la vida en el ara de la cruz. A ti me consagro con todo mi corazón, suplicando humildemente que te dignes imprimir en mi alma la imagen de tu Rostro adorable.
¡Oh Padre Eterno! Mira la Faz de tu Cristo y por sus méritos infinitos concédeme un ardiente deseo de reparar las injurias hechas a tu Divina Majestad y la gracia que deseo obtener en esta novena. Así sea.
Rezar a continuación la oración del día que corresponda:
El velo de la Verónica |
“¡Jesús! Tu imagen inefable es el astro que guía mis pasos. Tú lo sabes bien. Tu dulce rostro es aquí en la tierra mi paraíso. Mi amor descubre los encantos de tus ojos embellecidos por el llanto. Cuando contemplo tus dolores sonrío a través de mis lágrimas. Deseo vivir ignorada y solitaria para consolar tu belleza; esa belleza que se oculta en tu Faz bajo el misterio del dolor y que tan fuertemente me atrae a Ti. Tu faz es mi sola patria; ella es mi reino de amor, mi prado risueño, mi dulce sol de cada día. Ella es el lirio del valle, cuyo perfume misterioso consuela mi afligida alma y le hace gustar la paz de los cielos. Ella es mi reposo, mi dulzura y mi melodiosa lira. Tu rostro, dulce Salvador, es el divino ramillete de mirra que yo quiero guardar en mi corazón. Tu Faz es mi sola riqueza, no quiero nada fuera de ella. Jesús yo me asemejaré a Ti, y oculta entre los pliegues del velo de la Verónica, atravesaré la vida desapercibida de las criaturas. Deja en mi la divina impresión de tus besos, llenos de dulzura, y pronto llegaré a ser santa y atraeré a Ti todos los corazones. Cuando tus labios adorados impriman en mi el beso eterno, haz que me abrase de amor, y que este amor levante en el campo de la Iglesia una hermosa cosecha de almas santas”
Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz |
| Meditar las horas siguiendo el sentido de las flechas: | |||
FIN
San Bernardo |
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| “Llegaron a una finca que se llama Getsemaní , y dijo a sus discípulos: sentaos aquí mientras yo voy a orar. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir horror y angustia, y les dijo: me muero de tristeza: quedaos aquí y estad en vela. Adelantándose un poco, cayó a tierra, pidiendo que si era posible se alejase de él aquella hora.”Mc 14, 32-34 |
| Cuando en el huerto rogaba, Cuando a mi Padre clamaba, Lleno de angustia sudaba Ríos de sangre por ti. ¡Ay! desgraciado de ti ¿Cuando te acuerdas de Mí? Cielos y tierra lloraron |
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| Cristo en el huerto de Getsemaní de de Gerard van Honthorst. 1620 Museo Ermitage, San Peterburgo |
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| I. Tu me llamas, ¡oh Jesús!, para ser testigo de tu agonía; yo lo deseo con ardor. Tu me mandas que vele y ore contigo durante esta hora: yo lo deseo de todo corazón pero, ¡ay!, conocida os es mi debilidad. Sosténme. Sin Ti seria más débil aún de lo que fueron tus Apóstoles. ¡Oh alma mía, no pierdas un momento de hora tan preciosa y santa! Con el Corazón de Jesús, adora al Eterno Padre. Yo vengo, ¡Dios eterno e infinitamente Santo!, a postrarme en compañía de tu querido Hijo delante de vuestra suprema Majestad, y anonadarme en presencia de tu grandeza; os ofrezco su agonía, y los intensos dolores de su Corazón para satisfacer a tu justicia y llorar mis pecados y los de todos los hombres, y, a fin de que te sea mi oración más agradable, la uno a la que hizo Jesús en el huerto.
II. Para comprender el dolor que sintió Jesucristo en el huerto de Getsemaní, sería necesario penetrar la grandeza de su amor. Amaba infinitamente a su Eterno Padre, y le veía ultrajado cruelmente por los hombres. Amaba profundamente a los hombres y los veía criminales y destinados a suplicios eternos. ¡Qué desconsolador para el más sensible de los corazones! ¿Qué le sugirió su infinito amor? Reparar los ultrajes hechos a su Padre, redimir y librar a los hombres de los castigos merecidos, poniéndose en lugar de ellos para sobrellevar el rigor de los suplicios que merecían. «Todos los hombres juntos no son capaces, ¡oh Padre mío!, de satisfacer a vuestra justicia, e indignas son de Ti las víctimas que podrán ofreceros; aquí me tienes, pues, dice Jesús: «Tu no rechazarás este holocausto. Herid, omnipotente Dios; tu justicia ultrajada sea satisfecha y el pecado del hombre expiado.» El Padre acepta la ofrenda de su Hijo; le carga con todas las iniquidades de los hombres, y desde entonces ya no le mira como el objeto de sus complacencias, sino como víctima cargada con todos los pecados del mundo. En ese mismo instante se siente Jesucristo como oprimido por el peso formidable de nuestras iniquidades. ¡Qué horrible y qué amargo cáliz para el Santo de los Santos! ¿Lo beberá? En cuanto le acerca a sus labios, su alma siente dolor, cae en mortal tristeza, le abruman la angustia y el tedio, y de él se apodera el terror. «Padre mío, exclama, desviad de mí este cáliz»; sin embargo de ello, Jesús bebe el cáliz de la amargura. Crece el dolor y quiere compartirlo con tres de sus Apóstoles: «Mi alma, les dice, está mortalmente triste; velad, pues, y orad conmigo.» III. ¡Oh, qué horrores se le presentan a los ojos! Ve todos los poderes del infierno desencadenados contra él, y a todos los pecadores armados contra su sagrada persona. Ve acercarse las iniquidades del mundo; vendido por uno de sus discípulos, negado por otro y abandonado de todos. Ve las cadenas, los azotes, los clavos, las espinas y la cruz que le preparan y cargan sobre sus débiles hombros, y camina por el calvario hasta el monte, donde, clavado en el madero, exclama: «Perdónalos, porque no saben lo que hacen.» «Padre mío, Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu.» ¡Oh Jesús mío, crucificado por mis culpas en ese madero de ignominia! Perdóname, porque, arrepentido, me postro a tus plantas llorando mis pecados. Cuando contemplo tu Corazón derramando sangre divina, tiembla mi alma pecadora; cuando veo tus pies y tus manos clavados y tu sagrada cabeza cubierta de espinas, me confundo y anonado, porque yo fui la causa de tu dolor. IV. Considera, alma mía, que un Dios adorado en el cielo por los Angeles es ultrajado en la tierra por los pecadores; un Dios de infinita grandeza, es clavado en una cruz; en el cielo, delicias; aquí, sudor de sangre. ¡Oh Jesús, tanto como habéis amado a los hombres, y los hombres no se compadecen de Ti! Tu amor a nosotros fue tanto, que quisiste quedarte en la Sagrada Eucaristía para consolarnos y fortalecernos. Haz, Señor, que todos te amemos con amor puro y santo para que tu Corazón reine en el nuestro y seamos tu digna morada. Bendito sea vuestro santo nombre en todo el universo; sea tu Sagrado Corazón amado y adorado de todos los hombres; sea tu Iglesia honrada, respetada y salga siempre victoriosa de tus enemigos; no se extinga jamás entre nosotros la antorcha de la fe, antes resplandezca con nuevo brillo; todos nuestros hermanos permanezcan unidos a la Iglesia Católica Romana; los separados de ella se conviertan a la verdad, todos los hombres respeten vuestro Evangelio, tus misterios, tus altares; y que nos sea, en fin, provechosa la sangre derramada en el Huerto y en el Calvario. ¡Oh, Salvador y Redentor mío! Haced que florezca vuestra Santa Religión y renazca la fe en las almas. No cese vuestra luz de iluminar los pueblos donde vuestra Ley ha brillado con tanto esplendor. Envíanos el ángel que vuestro discípulo amado vio atravesando el cielo con el Evangelio en la mano para evangelizar a los habitantes de la tierra y decirles: «Temed al Señor y tributadle los homenajes que le son debidos.» Danos Santos y haced que nuestro corazón sea semejante al vuestro. ¡Oh María! Hijos tuyos somos: muestra que eres nuestra Madre, reconciliándonos con tu Hijo Jesús. Angeles tutelares de esta nación, Santos protectores de nuestra amada Patria: venid en nuestro socorro, preservados del naufragio, sed nuestros intercesores para con Dios y suplicadle nos conceda sus misericordias y su amor. Sea el Corazón de Jesús conocido, amado y adorado en todo el universo. Amén. |