Oh amantísimo Jesús, como expresión de mi gratitud y en satisfacción de mis pecados yo, N…, os doy mi corazón. Me consagro enteramente a Vos y me propongo nunca más ofenderos o despreciar vuestra santa gracia.


1. Esta oración la recitaba diariamente por el Beato Padre Pío por todos aquellos que le solicitaban que rezara por sus intenciones.