Evangelio de San Lucas, cáp. 22.

7 Llegó el día de los Azimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua;
8 y envió a Pedro y a Juan, diciendo: “Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.”
9 Ellos le dijeron: “¿Dónde quieres que la preparemos?”
10 Les dijo: “Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre,
11 y diréis al dueño de la casa: “El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”
12 El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.”
13 Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles;
15 y les dijo: “Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;
16 porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.”
17 Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: “Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
18 porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.”
19 Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.”
20 De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.