Jesucristo

Información sobre Jesucristo

Browsing Posts tagged Augusto

Juan Chapa

Flavius Valerius Aurelius Constantinus (272-337), conocido como Constantino I o Constantino el Grande, fue emperador del Imperio Romano desde el año 306 al 337. Ha pasado a la historia como el primer emperador cristiano.

Era hijo de un oficial griego, Constancio Cloro, que el año 305 fue nombrado Augusto a la vez que Galerio, y de una mujer que llegaría a ser santa, Helena. Al morir Constancio Cloro en el 306, Constantino es aclamado emperador por las tropas locales, en medio de una difícil situación política, agravada por las tensiones con el antiguo emperador, Maximiano, y su hijo Majencio. Constantino derrotó primero a Maximiano en el 310 y luego a Majencio en la batalla de Ponte Milvio, el 28 de octubre del 312. Una tradición afirma que Constantino antes de esa batalla tuvo una visión. Mirando al sol, al que como pagano daba culto, vio una cruz y ordenó que sus soldados pusieran en los escudos el monograma de Cristo (las dos primeras letras del nombre griego superpuestas). Aunque siguió practicando ritos paganos, desde esa victoria se mostró favorable a los cristianos. Con Licinio, emperador en oriente, promulgó el llamado “edicto de Milán” (ver pregunta siguiente) favoreciendo la libertad de culto. Más tarde los dos emperadores se enfrentaron, y en el año 324 Constantino derrotó a Licinio y se convirtió en el único Augusto del imperio.

Constantino llevó a cabo numerosas reformas de tipo administrativo, militar y económico, pero donde más destacó fue en las disposiciones político-religiosas, y en primer lugar las que iban encaminadas a la cristianización del imperio. Promovió estructuras adecuadas para conservar la unidad de la Iglesia, como modo de preservar la unidad del estado y legitimar su configuración monárquica, sin que haya que excluir otras motivaciones religiosas de tipo personal. Junto a disposiciones administrativas eclesiásticas, tomó medidas contra herejías y cismas. Para defender la unidad de la Iglesia luchó contra el cisma causado por los donatistas en el norte de África y convocó el Concilio de Nicea (ver pregunta ¿Qué sucedió en el Concilio de Nicea?) para resolver la controversia trinitaria originada por Arrio. El 330 cambió la capital del imperio de Roma a Bizancio, que llamó Constantinopla, lo que supuso una ruptura con la tradición, a pesar de querer enfatizar el aspecto de capital cristiana. Como entonces ocurría a menudo, no fue bautizado hasta poco antes de morir. El que le bautizó fue Eusebio de Nicomedia, obispo de tendencia arriana.

Junto a los fallos de su mandato, entre los que se encuentran los generalizados en el tiempo en que vivió, como por ejemplo su carácter caprichoso y violento, no se puede negar el logro de haber dado libertad a la Iglesia y favorecer su unidad. No es, en cambio, históricamente cierto que para conseguirlo Constantino determinara entre otras cosas el número de libros que debía tener la Biblia. En este largo proceso, que no acabó hasta más tarde, los cuatro evangelios eran desde hacía ya mucho tiempo los únicos que la Iglesia reconocía como verdaderos. Los otros “evangelios” no fueron suprimidos por Constantino, ya que habían sido proscritos como heréticos decenas de años atrás.
 
Bibliografía: J. de la Torre Fernández y A. García y García, “Constantino I, el Grande”, en GER VI, Rialp, Madrid 21979, 309-312; M. Forlin Patrucco, “Constantino I”, en Diccionario Patrístico y de la Antigüedad Cristiana (ed. A. di Berardino), Sígueme, Salamanca 1991, 475-477; A. Alfoldi, Costantino tra paganesimo e cristianesimo, Laterza, Bari 1976.

01 de abril de 2006
Vicente Balaguer

La estrella de Oriente se menciona en el evangelio de San Mateo. Unos magos preguntan en Jerusalén: “Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle” (Mt 2,2).

Los dos capítulos iniciales de los evangelios de San Mateo y San Lucas narran algunas escenas de la infancia de Jesús, por lo que se suelen denominar “evangelios de la infancia”. La estrella aparece en el “evangelio de la infancia” San Mateo. Los evangelios de la infancia tienen un carácter ligeramente distinto al resto del evangelio. Por eso están llenos de evocaciones a textos del Antiguo Testamento que hacen los gestos enormemente significativos. En este sentido, su historicidad no se puede examinar de la misma manera que la del resto de los episodios evangélicos. Dentro de los evangelios de la infancia, hay diferencias: el de San Lucas es el primer capítulo del evangelio, pero en San Mateo es como un resumen de los contenidos del texto entero. El pasaje de los Magos (Mt 2,1-12) muestra que unos gentiles, que no pertenecen al pueblo de Israel: descubren la revelación de Dios a través de su estudio y sus conocimientos humanos (las estrellas), pero no llegan a la plenitud de la verdad más que a través de las Escrituras de Israel.

En tiempos de la composición del evangelio era relativamente normal la creencia de que el nacimiento de alguien importante o algún acontecimiento relevante se anunciaba con un prodigio en el firmamento. De esa creencia participaban el mundo pagano (cfr Suetonio, Vida de los Césares, Augusto, 94; Cicerón, De Divinatione 1,23,47; etc.) y el judío (Flavio Josefo, La Guerra de los Judíos, 5,3,310-312; 6,3,289). Además, el libro de los Números (caps. 22-24) recogía un oráculo en el que se decía: “De Jacob viene una estrella, en Israel se ha levantado un cetro” (Nm 24,17). Este pasaje se interpretaba como un oráculo de salvación, sobre el Mesías. En estas condiciones, ofrecen el contexto adecuado para entender el signo de la estrella.

La exégesis moderna se ha preguntado qué fenómeno natural pudo ocurrir en el firmamento que fuera interpretado por los hombres de aquel tiempo como extraordinario. Las hipótesis que se han dado son sobre todo tres: 1) ya Kepler (s. XVII) habló de una estrella nueva, una supernova: se trata de una estrella muy distante en la que tiene lugar una explosión de modo que, durante unas semanas, tiene más luz y es perceptible desde la tierra; 2) un cometa, pues los cometas siguen un recorrido regular, pero elíptico, alrededor del sol: en la parte más distante de su órbita no son perceptibles desde la tierra, pero si están cercanos pueden verse durante un tiempo. También esta descripción coincide con lo que se señala en el relato de Mateo, pero la aparición de los cometas conocidos que se ven desde la tierra no encaja en las fechas con la estrella; 3) Una conjunción planetaria de Júpiter y Saturno. También Kepler llamó la atención sobre este fenómeno periódico, que, si no estamos equivocados en los cálculos, pudo muy bien darse en los años 6/7 antes de nuestra era, es decir, en los que la investigación muestra que nació Jesús.

Bibliografía: A. Puig, Jesús. Una biografía, Destino, Barcelona 2005; S. Muñoz Iglesias, Los evangelios de la infancia. IV, BAC, Madrid 1990; J. Danielou, Los evangelios de la infancia, Herder, Barcelona 1969

http://www.opusdei.es/art.php?p=15295