Jesucristo

Información sobre Jesucristo

palabra

Browsing Posts in Oraciones

Esta devoción, extraída de un libro de oraciones de mediados del siglo XIX, está prácticamente olvidada en los devocionarios modernos. Pese a ello numerosos Papas del pasado como León X, Gregorio XIII o Sixto V, le concedieron indulgencias. Su origen se atribuye al beato Miguel de Florencia, monje camaldulense, quién la rezó diariamente hasta el día de su muerte ocurrida el 11 de enero de 1522. Se llama Corona de la vida del Señor porque se reza en honor de Jesucristo y se compone de treinta y tres Padrenuestros en memoria y veneración de los treinta y tres años que vivió en la tierra. Se divide en cuatro partes: la Venida, la Conversación, el Tránsito y la Glorificación. Además se rezan cinco avemarías en honor a sus cinco llagas. Por último se termina rezando el Credo en honor de los santos Apóstoles y como un perfecto resumen del nacimiento, vida y muerte de nuestro redentor Jesucristo.

[Anunciación de Sandro Botticelli. 1489]
Anunciación.
de Sandro Botticelli. 1489
Galería de los Uffizi,
Florencia
MISTERIOS DE LA VENIDA
SACRATÍSIMA DEL SEÑOR
[Adorno]

El arcángel Gabriel anuncia a María santísima la Encarnación del Verbo divino en su purísimo seno. 

Ave Maria…

  

1. El Hijo de Dios hecho hombre nace de María Virgen en un pesebre. Padre nuestro… 

2. Los Ángeles se alegran, y cantan: gloria in excelsis Deo. Padre nuestro… 

3. Le adoran los pastores, avisados por los Ángeles. Padre nuestro… 

4. Al octavo día es circuncidado y recibe el santísimo nombre de Jesús. Padre nuestro. 

5. Es adorado por los Reyes magos, quienes le ofrecen oro, incienso y mirra. Padre nuestro. 

6. Es presentado en el templo, y profetizado Salvador del mundo. Padre nuestro… 

7. Huyendo de la persecución de Herodes, es llevado a Egipto. Padre nuestro… 

8. No encontrándole, son degollados los Inocentes. Padre nuestro… 

9. San José y su Madre le vuelven á Nazaret, su patria. Padre nuestro. 

10. A la edad de doce años disputa en el templo con los doctores. Padre nuestro… 

 
[Cristo en casa de sus padres de John Everett Millais. 1850]
Cristo en casa de sus padres
de John E. Millais. 1850
Tate Gallery
Londres
MISTERIOS DE LA CONVERSACIÓN
SANTÍSIMA DEL SEÑOR
[Ir al principio de esta página]
[Adorno] 

Jesús es obedientísimo a su Madre la Virgen santísima y a san José. 

Ave María…

   

1. A la edad de treinta años es bautizado por san Juan en el Jordán. Padre nuestro… 

2. Ayuna cuarenta días en el desierto , y vence al demonio tentador. Padre nuestro… 

3. Practica y predica su santa ley de vida eterna. Padre nuestro… 

4. Llama a sí a los discípulos, quienes al punto lo dejan todo para seguirle. Padre nuestro… 

5. Hace el primer milagro convirtiendo el agua en vino exquisito. Padre nuestro… 

6. Sana a los enfermos, endereza a los estropeados, da oído a los sordos, vista a los ciegos y vida a los muertos. Padre nuestro… 

7. Convierte pecadores y pecadoras, y les perdona sus pecados. Padre nuestro… 

8. Perseguido de muerte por los judíos, en vez de castigarlos los corrige con dulzura. Padre nuestro… 

9. Se transfigura sobre el monte Tabor en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Padre nuestro… 

10. Entra triunfante en Jerusalén montado en un asno, y arroja a los profanadores del templo. Padre nuestro…

[Jesús se encuentra con su madre de William A. Bouguereau. 1888]
Jesús se encuentra con su madre camino del Calvario. 1888
de William A. Bouguereau
MISTERIOS DEL TRÁNSITO
AMARGUÍSIMO DEL SEÑOR
[Adorno]

Jesús se despide de su santísima Madre, antes de ir en busca de la muerte por nuestra eterna salvación. 

Ave María…

  

1. Celebra la última cena pascual, y lava los pies a los Apóstoles. Padre nuestro… 

2. Instituye el santísimo sacramento de la Eucaristía. Padre nuestro… 

3. Orando en el huerto suda sangre, y es confortado por el Ángel. Padre nuestro… 

4. Vendido con el beso por Judas, es preso y atado por la cohorte como un gran malhechor. Padre nuestro… 

5. Es falsamente acusado, abofeteado, escupido e injuriado de otros modos en cuatro tribunales. Padre nuestro… 

6. Mira con compasión a Pedro después de haberle este negado tres veces, y le convierte, mientras que Judas, desesperado, se ahorca y se condena. Padre nuestro… 

7. Es azotado cruelmente en la columna, recibiendo innumerables golpes. Padre nuestro… 

8. Coronado de espinas, es mostrado al pueblo que grita: “Sea crucificado, sea crucificado”. Padre nuestro… 

9. Condenado a muerte, lleva a cuestas con grandísimo dolor la pesada cruz hasta el monte Calvario. Padre nuestro… 

10. Crucificado entre dos ladrones, después de tres horas de penosísima agonía, muere, es herido en el costado con la lanza, y es sepultado. Padre nuestro… 

   
[Virgen rezando de Sassoferrato. 1640]
La Virgen rezando
de Sassoferrato. 1640-50.
National Gallery
Londres
MISTERIOS DE LA GLORIFICACIÓN
ADMIRABLE DEL SEÑOR
[Ir al principio de esta página]
[Adorno]

Jesús, resucitando al tercer día, visita antes que a otro alguno a su santísima Madre. 

Ave María…

  

1. Se aparece a las tres Marías, y las ordena que avisen a los discípulos como le han visto resucitado. Padre nuestro. 

2. Se aparece a los discípulos, y les muestra sus santísimas llagas, y las hace tocar á Tomás. Padre nuestro. 

3. Cuarenta días después de su resurrección, bendiciendo a su santísima Madre y a todos sus discípulos, sube a los cielos. Padre nuestro. 

Te rogamos Virgen santísima que nos alcance también a nosotros la bendición de tu divino Hijo Jesucristo ahora y en la hora de nuestra muerte. 

Ave María… Se termina la corona rezando el Credo en honor de los Apóstoles, y por último se puede rezar la siguiente oración compuesta, según se cree, por san Agustín:

 

ORACIÓN FINAL DE SAN AGUSTÍN

Señor mío Jesucristo, que para redimir al mundo y librarle del infierno quisiste nacer entre nosotros pasible y mortal, ser circuncidado, reprobado y perseguido por los judíos, vendido por Judas vuestro discípulo con un beso sacrílego, y, cual manso e inocente cordero, atado con cuerdas, y arrastrado ignominiosamente a los tribunales de Anás, Caifás, Pilatos y Herodes; quisiste ser acusado por falsos testigos, destrozado con azotes y coronado de espinas, abofeteado, escupido, cubierto por escarnio vuestro divino rostro, vilipendiado de mil maneras, ultrajado, colmado de baldones é ignominias, y finalmente despojado de vuestras vestiduras, clavado y levantado en una cruz entre dos infames ladrones, amargado con hiel y vinagre, y traspasado con una lanza quisiste consumar la grande obra de nuestra redención. ¡Ea! piadosísimo Redentor mío, por estas tan grandes y crueles penas que padecisteis por mi amor, y que yo, aunque sumamente indigno, voy meditando por la santa cruz y por vuestra amarguísima muerte, libradme de las penas del infierno, y dignaos acogerme en el paraíso, a donde condujiste al ladrón arrepentido, crucificado con Vos, Jesús mío, que con el Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis por todos los siglos de los siglos. Así sea. 

 

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

  ¡Tú me mueves, Señor!  Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

  Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

  No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Jesús, bendigo yo tu santo nombre;
Jesús, mi corazón en ti se emplee;
Jesús, mi alma siempre te desee;
Jesús, loete yo cuando te nombre.

Jesús, yo te confieso Dios y hombre;
Jesús, con viva fe por ti pelee;
Jesús, en tu ley santa me recree;
Jesús, sea mí gloria tu renombre.

Jesús, medite en ti mi entendimiento;
Jesús, mi voluntad en ti se inflame;
Jesús, contemple en ti mi pensamiento.

Jesús de mis entrañas, yo te ame;
Jesús, viva yo en ti todo momento;
Jesús, óyeme tú cuando te llame.

Señor Jesús, Te agradezco por el don de la vida. Tú conoces las personas y las circunstancias que me han formado ya sea física como emocional y espiritualmente. Ellas, y las más íntimas experiencias de mi mente y de mi corazón, me han hecho la persona que soy ahora.

Perdóname, Señor, por todas las veces que te he fallado, por mi fallos contra mi mismo y los demás. Al mismo tiempo, perdono a todos los que me han fallado de alguna manera y me han herido.

Ayúdame a ver que mi enfermedad tiene una parte muy importante en mi vida. Ella me ayudará a ser plenamente la persona que Tu quieres que yo sea. No permitas que yo pierda o desperdicie lo que Tu quieres hacer conmigo para hacer completa mi vida en esta tierra y para prepara mi vida contigo en el Cielo.

Ahora yo no puedo orar de la manera que quisiera. (Estoy dolorido, cansado confundido). Te pido que aceptes cada mi respiro como un acto de amor y de confianza en Ti.

Tu eres mi Salvador. Yo quiero descansar sobre tu amante Corazón en la seguridad y en la paz, como un niño en los brazos de su padre. Yo sé que Tú no me abandonarás.

Te amo, mi Señor, quisiera amarte como Ella te amó.

CREO EN TI

No comments

Cuando llega la dificultad y las pruebas, en los momentos de angustia, de duda o enfermedad, es bueno decir al Señor que seguimos creyendo en El.

Señor, Tu siempre me has dado
La fuerza necesaria,
y, aunque débil,
Creo en Ti.

Señor, Tu siempre me has dado
La paz de cada día,
y, aunque angustiado,
Creo en Ti.

Señor, Tu siempre me has guardado
En la prueba,
Y, aunque estoy en ella,
Creo en Ti.

Señor, Tu siempre has alumbrado
Mis tinieblas,
Y, aunque no tengo luz,
Creo en Ti.

Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, Tú nos dijiste: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y vuestra alma encontrará descanso. Mi alma encuentra en Ti su descanso al ver cómo te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles. Entonces me acuerdo de aquellas palabras que pronunciaste para enseñarme a practicar la humildad: Os he dada ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. El discípulo no es más que su maestro… Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. Yo comprendo, Señor, estas palabras salidas de tu corazón manso y humilde, y quiero practicarlas con la ayuda de tu gracia.

Te ruego, divino Jesús, que me envíes una humillación cada vez que yo intente colocarme por encima de las demás. Yo sé bien Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa; por eso, quiero ponerme en el último lugar y compartir tus humillaciones, para tener parte contigo en el reino de los cielos.

Pero Tú, Señor, conoces mi debilidad. Cada mañana hago el propósito de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso, quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en Ti. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: ¡Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!

Quédate, Señor, conmigo, porque ten necesito ver presente para no olvidarte, pues ya sabes con cuenta frecuencia te abandono.

Quédate, Señor, conmigo, porque soy muy débil y necesito de tus alientos y de tu fortaleza para no caer tantas veces.

Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi vida y sin Ti con frecuencia decaigo en el fervor.

Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi luz y sin Ti estoy en tinieblas.

Quédate, Señor, conmigo, para que oiga tu voz y la siga.

Quédate, Señor, conmigo, para demostrarme todas tus voluntades.

Quédate, Señor, conmigo, porque deseo amarte mucho y vivir siempre en tu compañía.

Quédate, Señor, conmigo, porque todo mi ser te está consagrado y Tú me perteneces.

Quédate, Señor, conmigo, y haz de mi corazón una celda de amor de la cual nunca te alejes.

Quédate, Señor, conmigo, si quieres que se te fiel.

Quédate, Señor, conmigo, porque aunque mi alma es muy pobre, deseo que sea para Ti un lugar de consuelo, un huerto cerrado, un nido de amor.

Quédate, Señor, conmigo, y haz que tu amor me inflame tanto que me consuman sus amorosas llamas.

Quédate, Señor, conmigo, porque se hace tarde y declinan las sombras, es decir, se pasa la vida, se acerca la cuenta, la eternidad, y es preciso que redoble mis días, mis esfuerzos, que no me detenga en el camino y por eso te necesito. Se hace tarde y se viene la noche, me amenazan las tinieblas, las obscuridades, las tentaciones, las sequedades, penas, cruces, etc., y Tú me eres preciso, Jesús mío, para alentarme en esta noche de destierro, ¡Cuánta necesidad tengo de Ti!

Quédate, Señor, conmigo, porque en esta noche de la vida y de los peligros, deseo ver tu claridad, muéstrateme y haz que te conozca como tus discípulos en el partir del pan, es decir, que la unión Eucarística sea la luz que aclare mis tinieblas, la fuerza que me sostenga y la única dicha que embriague mi corazón.

Quédate, Señor, conmigo, porque cuando llegue la muerte, quiero estar junto a Ti y si no realmente por medio de la Sagrada Comunión al menos quiero tener mi alma unida a Ti por la gracia y por un abrasado amor.

Quédate, Señor, conmigo, no te pido sentir tu adorable presencia y tus regalos divinos que no los merezco, pero tu residencia en mi por la gracia ¡oh, sí que te la pido!

Quédate, Señor, conmigo, pues a Ti sólo te busco, tu amor, tu intimidad, tu Corazón, tu espíritu y tu gracia. Te busco por Ti mismo porque te amo; y no te pido más recompensa que amarte con solidez, prácticamente, amarte únicamente, amarte cuento puedo, amarte con todo mi corazón en la tierra para seguir amándote con perfección por toda la eternidad.

ORACIÓN
¡Oh Cristo Jesús! os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido criado por Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.

Renuevo mis promesas del bautismo renunciando a Satanás, sus pompas y obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo ha hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.

¡Divino Corazón de Jesús! os ofrezco mis pobres acciones para obtener que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza y que, así, el reinado de vuestra paz se restablezca en el universo entero. Así sea.

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Vos me disteis, a Vos, Señor, lo torno.

Todo es Vuestro: disponed de ello según Vuestra Voluntad. Dadme Vuestro Amor y Gracia, que éstas me bastan. Amén.

¡Oh Salvador mío, fuente inagotable de dulzura y de bondad! No piense yo más que en Vos. Cuando al mismo tiempo que a Vos se ama cualquiera otra cosa, ya no se os ama, ¡oh Dios mío!, con verdadero amor. ¡ Oh amor lleno de dulzura, dulzura llena de amor, amor exento de penas y seguido de infinidad de placeres; amor tan puro y tan sincero que subsiste en todos los siglos; amor cuyo ardor no hay cosa que pueda apagar ni entibiar! ¡ Jesús, mi adorable Salvador, cuyas bondades, cuyas dulzuras son incomparables, caridad tan perfecta como que sois nada menos que mi Dios! Véame yo abrasado en vuestras divinas llamas, de suerte que no sienta ya más que aquellos torrentes de dulzuras, de placeres, de delicias y de alegría, pero de una alegría enteramente justa, enteramente casta, pura, santa y seguida de aquella perfecta paz que solamente en Vos se encuentra. Sea yo abrasado en las llamas de aquel amor, ¡oh Dios mío!, con todo el afecto de mi corazón y de mi alma. No quiero, bien mío, no quiero en lo sucesivo más amor que el vuestro. Amén.

Amado Señor,

Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya.

Inunda mi alma de espíritu y vida.

Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto que toda mi vida solo sea una emanación de la tuya.

Brilla a través de mí, y mora en mi de tal manera que todas las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en mi alma.

Haz que me miren y ya no me vean a mí sino solamente a ti, oh Señor.

Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás a través de mí.

La luz, oh Señor, irradiará toda de Ti; no de mí; serás Tu, quien ilumine a los demás a través de mí.

Permíteme pues alabarte de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean.

Haz que predique sin predicar, no con palabras sino con mi ejemplo, por la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente plenitud del amor que te tiene mi corazón. Amén.