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IX Jesús ante Herodes

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Evangelio de San Lucas, cáp. 23.

6 Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.
7 Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos días estaba también en Jerusalén.
8 Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
9 Le preguntó con mucha palabrería, pero él no respondió nada.
10 Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.
11 Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato.
12 Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.

X Yo soy Rey

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Evangelio de San Juan, cáp. 18.

33 Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el Rey de los judíos?”
34 Respondió Jesús: “¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?”
35 Pilato respondió: “¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?”
36 Respondió Jesús: “Mi Reino no es de este mundo.Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.”
37 Entonces Pilato le dijo: “¿Luego tú eres Rey?” Respondió Jesús: “Sí, como dices, soy Rey.Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad.Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.”
38 Le dice Pilato: “¿Qué es la verdad?” Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: “Yo no encuentro ningún delito en él.
39 Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?”
40 Ellos volvieron a gritar diciendo: “¡A ése, no; a Barrabás!” Barrabás era un salteador.

Evangelio de San Juan, cáp. 18.

28 De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua.
29 Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: “¿Qué acusación traéis contra este hombre?”
30 Ellos le respondieron: “Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.”
31 Pilato replicó: “Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley.” Los judíos replicaron: “Nosotros no podemos dar muerte a nadie.”
32 Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir.

Evangelio de San Mateo, cáp. 26.

69 Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo: “Tú también estabas con Jesús, el Galileo”.

70 Pero él lo negó delante de todos, diciendo: “No sé lo que quieres decir”.

71 Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí: “Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno”.

72 Y nuevamente Pedro negó con juramento: “Yo no conozco a ese hombre”.

73 Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: “Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona”.

74 Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo,

75 y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: “Antes que cante el gallo, me negarás tres veces”. Y saliendo, lloró amargamente.

Evangelio de San Mateo, cáp. 26.

57 Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.

58 Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo.

59 Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte;

60 pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos

61 que declararon: “Este hombre dijo: “Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días”".

62 El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?”.

63 Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: “Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”.

64 Jesús le respondió: “Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo”.

65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: “Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia.

66 ¿Qué les parece?”. Ellos respondieron: “Merece la muerte”.

67 Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban,

68 diciéndole: “Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó”.

V La traición de Judas

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Evangelio de San Mateo, cáp. 26.

47 Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.

48 El traidor les había dado esta señal: “Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo”.

49 Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole: “Salud, Maestro”, y lo besó.

50 Jesús le dijo: “Amigo, ¡cumple tu cometido!”. Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron.

51 Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja.

52 Jesús le dijo: “Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere.

53 ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? Él pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles.

54 Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?”.

55 Y en ese momento dijo Jesús a la multitud: “¿Soy acaso un bandido, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron”.

56 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Evangelio de San Mateo, cáp. 26.

36 Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo: “Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar”.

37 Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.

38 Entonces les dijo: “Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo”.

39 Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: “Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

40 Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro: “¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora?

41 Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”.

42 Se alejó por segunda vez y suplicó: “Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad”.

43 Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño.

44 Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.

45 Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo: “Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.

46 ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar”.

Evangelio de San Lucas, cáp. 22.

7 Llegó el día de los Azimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua;
8 y envió a Pedro y a Juan, diciendo: “Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.”
9 Ellos le dijeron: “¿Dónde quieres que la preparemos?”
10 Les dijo: “Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre,
11 y diréis al dueño de la casa: “El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”
12 El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.”
13 Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles;
15 y les dijo: “Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;
16 porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.”
17 Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: “Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
18 porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.”
19 Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.”
20 De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.

Evangelio de San Juan, cáp. 13.

1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle,
3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía,
4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.
5 Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: “Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?”
7 Jesús le respondió: “Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.”
8 Le dice Pedro: “No me lavarás los pies jamás.” Jesús le respondió: “Si no te lavo, no tienes parte conmigo.”
9 Le dice Simón Pedro: “Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.”
10 Jesús le dice: “El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.”
11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: “No estáis limpios todos.”
12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
13 Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy.
14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.
16 “En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía.
17 “Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís.
18 No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: = El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. =

Evangelio de San Mateo, cáp. 21.

21 1 Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, 2 diciéndoles: “Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos.

3 Y si alguien les dice algo, respondan: “El Señor los necesita y los va a devolver en seguida”".

4 Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
5 Digan a la hija de Sión:
Mira que tu rey viene hacia ti,
humilde y montado sobre un asna,
sobre la cría de un animal de carga.

6 Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado;

7 trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó.

8 Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas.

9 La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:
“¡Hosana al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosana en las alturas!”.

10 Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: “¿Quién es este?”.

11 Y la gente respondía: “Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea”.